Verde que te quiero verde

Hay una emoción humana que es a la que más miedo le tengo en la vida. Es tan fuerte y dañina y se sufre en ambas vías: vos podés ser protagonista o víctima, al mismo tiempo o por separado.

La envidia: ese enemigo silencioso que con su energía negativa daña tanto a quien la padece como a quien la recibe. 

La diferencia radica en que, el que la padece, puede hasta de cierta manera estar consciente de ella cada vez que se le revuelve el estómago porque ve a alguien tener algo que él no tiene, pero lo que me da pánico es el que la recibe…Ese pobre no tiene ni idea a veces de porqué ¡hasta el pelo se le cae de tanta energía negativa que recibe!

Entonces dejemos a un lado indirectamente a las víctimas de la envidia y empecemos preguntándonos ¿porqué a veces conocemos personas que parece que se levantan todas las mañanas con una firme determinación de hacerle daño consciente o inconsciente a otras personas? 

Porque son envidiosas.
Personas definidas por la frustración. ¿Porqué él si y yo no?

Personas que viven comparándose con los demás pero en vez de celebrar a aquellos que tienen algo “mejor’ que lo que ellos tienen, generan un sentimiento de hostilidad y rencor sufriendo con rabia cuando alguien tiene una mejor posición, es más bonito, más exitoso, popular, feliz, agradecido…

Ese tipo de personas en realidad no saben quienes son y por eso reflejan sus carencias en otros que si lo han logrado.  

¿Y porqué un envidioso no busca también desarrollar esos dones si todos podemos ser más bonitos, exitosos, felices y agradecidos? 
Porque es más fácil y satisfactorio desde su punto de vista, destruir a las personas y “bajarlas” a su nivel. Es como una venganza silenciosa y sin sentido de personas débiles de espíritu, que solo se van a sentir bien y tranquilas hasta haber eliminado por completo esa “competencia”.

Y con el tema de competencia, entramos a mi segundo temor: el ego. 

A muchos de nosotros nunca nos ha importado el nombre de nuestro título profesional, el tamaño de nuestra casa, el lugar del parqueo en la oficina o si los hijos disfrutan sus vacaciones en el parque de la esquina en vez de ir a Disney. Pero para realidades de muchos, estas situaciones son las que atormentan a aquellos que viven en una constante competencia de “porqué a él si y a mi no”. 

Una vez una amiga me dijo “es que yo no le doy “like” a eso tuyo – un motivo de felicidad para mí- porque ya de por si tenés mucha gente que lo está haciendo. 
A como ella lo ve, esa no es una verdadera razón para mí, porque cuando nos alegramos genuinamente por alguna circunstancia de alguien- más si es alguien que queremos- no nos cansamos de celebrarlo. 

Ahí en ese momento habló la envidia y el ego, como dos caras de una moneda que no pueden trabajar por separado. -pero dejaré al ego para otro post porque ¡Uf! tengo tanto que decir… – que volvamos a la envidia…

“No quiero ser una persona más que te celebre” significa me da rabia que tantas personas se alegren por vos y de alguna u otra manera yo no voy a ser una más porque no puedo ser como vos. Así de sencillo. Las personas envidiosas, están muy por debajo de sus felices “víctimas” y por lo tanto no pueden ayudar a alimentar ese gap de diferencia que que hay…jamás formar parte de algo que muy en el fondo desean satisfactoriamente desbaratar. 

“Envidia de la buena” te dicen en un tono de voz que hasta escalofríos dan. 



Por eso para mi no hay envidia buena. Ese famoso dicho ” !que envidia!…pero ¡de la buena!” No puede existir.
La envidia solo puede expresarse en términos negativos como la crítica, rabia, el fastidio, temor, rencor, los chismes, la difamación, rivalidad, el buscar ese “punto negro” siempre y la peor para mí: el humor negro o sarcasmo. ¡Hay personas que parece que tienen un “máster en sarcasmo”! de esos que tiran la piedra disimuladamente- o peor aun ponen a otros débiles a tirarla para ellos sentirse acuerpados- pero en el tono e intención se les nota no solo el color “verde” sino el sufrimiento que les genera desear las cosas, logros, atributos o actitudes que la otra persona tiene.

Entonces ¿envidia buena? Para mi no hay. 

Eso es admiración y es muy opuesto en términos de significado y energía: que bien que pudiste lanzar tu negocio nuevo, que llegaste a tus objetivos físicos y emocionales, que compraste tu casa nueva, que tenés ese novio maravilloso, que estás tranquilo, que a pesar de que no la tenés fácil, sos feliz.

La envidia destruye y es el reflejo de las carencias, la admiración celebra y es el reflejo de nuestras aspiraciones. Son dos cosas muy diferentes. 



Debe de ser muy triste la vida de las personas envidiosas. Debe ser muy triste vivir con esa hostilidad y ese resentimiento. De no poderse alegrar geniuinamente de la felicidad de otros porque en el fondo se sienten incapaces de ser como la otra persona y esa desdicha le genera una gran frustración. Pobres de espíritu que viven destruyendo a otros por sus deseos frustrados, sus propias carencias e inferioridades, sus resentimientos y odios, sus culpas y rencores. Vivir sintiendo, o peor aun, negando o disimulando este sentimiento, debe de ser muy triste. Personas que trabajan tanto en hacerse una  máscara de bondad tan falsa,  que hasta se les nota con el rabo del ojo la mala vibra.

Si, la verdad no puedo tener ninguna consideración a la hora de definir una persona envidiosa, no puedo ser condescendiente con una persona que por solo pensar que alguien tiene “lo que no se merece” desee arruinar la posición de “ventaja” de otro de una manera cobarde y solapada.

Pero en fin, yo no vengo a decir aquí como curar la envidia, allá todo aquel que quiere vivir mortificado y con eso en su conciencia. Pero sí talvez a como protegerte de ella:

1- Viví agradecido, Dios nos puso en la tierra para ser felices y el motivo de nuestra felicidad no debe de ser opacado por el sentimiento de desdicha de otros.

2- Definí tu “tribu”. Amigos hay muchos, conocidos bastantes pero solo pocos deben de ser parte de tu círculo de confianza, solo aquellos que se han ganado ese espacio y que sentís auténticos merecen estar ahí.

3-Aprende a vivir y disfrutar lo que tenés. Nada en la vida es regalado, se logra a base de esfuerzo y determinación y no debés permitir que nada ni nadie negativo lo opaque.

4- Protegete. Protegé tus principios, tu energía, tu alma, tus verdades. Protegé tu escencia. Si sos católico buscá esa protección en la Sangre de Cristo, el Arcángel San Miguel, en el Manto de la Vírgen María. Si no, buscá la protección dentro de tus creencias o la protección del Universo y la buena energía que solo se atrae si se siente y se desea.

5- Transformá toda emoción en emociones positivas. Mejorá tus sensaciones de bienestar y fomentá las relaciones constructivas con los demás. Atraemos lo que pensamos y reflejamos lo que sentimos.

6- No te comparés. Siempre va a haber alguien más lindo, feliz, exitoso, tranquilo o con mejores posesiones materiales. ¡Bien por ellos! Viví y dejá vivir y así no generarás nunca esos sentimientos negativos. 

Y bueno el color verde no es de mis favoritos como pueden ver. De las pocas cosas verdes que me gustan están el té verde y los confites Lifesavers – siendo la verde mi favorita-. Me como los paquetes de dos en dos y hace poco, ¡hasta me quebré una muela comiéndome una!. No las he vuelto a conseguir, se me está terminando ” mi guaca”  por si alguno las ve por ahí me cuente ¡donde las puedo ir a comprar!

Si crees que mi narración puede ayudar e inspirar a más personas, por favor, nada te cuesta compartirla. Yo más que feliz de ayudar. Y no te olvides de darle un “me gusta” a esta página para que me puedas seguir leyendo. ¡Ah! También me puedes seguir en Instagram🌟

4 Replies to “Verde que te quiero verde”

  1. Anita …. que manera de palabras …. aplausos de pie para vos…. super triste pero taaan cierto … te felicito y exitos en todo 🙌🏻 ❤️

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  2. Bien dicho! Me encantó!
    Celebro tu blog Ana, siempre me deja algo bonito en el pecho. Salud y adelante 😃
    Y precioso el proyecto con Marce!! Felicidades.

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