La felicidad nunca llega.

Y aquí estoy yo, sola y aburrida escribiendo sobre felicidad. Suena paradójico, pero se me ocurrió escribir esto cuando en un Ig story lanzé la pregunta “Pregúnteme lo que quiera”.

Una de las preguntas fué “¿Porqué siempre sonreís?” Y mi respuesta fue “ Porque de 100 veces que lloro, sonrío 102”.

Y me salió del alma -y sin pensarlo esa respuesta- pero después me puse a pensar: ¿cuántas veces esperamos que suceda algo para ser felices? Pues si seguimos esperando, ahí nos quedaremos.

Porque nadie es feliz cuando logre adelgazar, consiga trabajo, haga un viaje espectacular, se case o se divorcie, compre un carro nuevo o logre estar con quien ama.

La felicidad es la suma de todos los momentos que me den bienestar, que me hacen sonreir, que me hacen vibrar el corazón. Y cuando logramos entender que tenemos derecho como humanos a sentirnos mal -a estar tristes, a enojarnos- pero siempre buscar un balance entre esas emociones y esos momentos vs. las emociones y los momentos que nos hacen sonreír y nos hacen felices, ahí es donde encontramos la felicidad.

Cuesta que lleguen algunos de esos momentos -o muchos talvez nunca llegan- pero siempre así no sean los que ansiamos con todo el corazón, la vida nos sorprende con otros, algunos cotidianos que dejamos pasar por alto, otros más especiales que los que esperábamos… pero siempre llegan.

Yo puedo tener un día “blah”, de esos en que nada sale en apariencia bien o no sucede nada extraordinario, pero en la noche, cuando hago mi recuento del día y me acuerdo que pude levantarme y agradecer a Dios, comerme un chocolate, desesperarme con mis hijos porque no se quedan quietos cuando yo llego, pude hablar con mi mamá y mi papá, brincarme 85 chats de la familia, ver como Yoda me recibe con su característica carrera alrededor del carro cuando entro, talvez hasta haber recibido un abrazo -de esos que cortan la respiración- y poder estar en mi cama tranquila y lista para dormir… lo demás, lo feo, lo irrelevante, lo triste…es bullshit.

Entonces empecemos por contar esos momentos cada noche, en donde nos damos cuenta que la felicidad nunca llega: la felicidad se vive, de a poquiticos.

Pero tenés que tener claro y agradecer esos momentos, esa felicidad de a poquiticos y solo ahí, cuando hacés el balance, te darás cuenta que vos también: llorás 100 veces… pero sonreís 102.

Si crees que mi narración puede ayudar e inspirar a más personas, por favor, nada te cuesta compartirla. Yo más que feliz de ayudar. Y no te olvides de darle un “me gusta” a esta página para que me puedas seguir leyendo. ¡Ah! También puedes seguir mi día a día en Instagram

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