Las montañas no se levantan sin un terremoto.

Llorar duele mucho. Que mal cuando estamos felices y tranquilos y nos dan una mala noticia.
Yo literal siento que el mundo me da vueltas y bueno la primera reacción es llorar. Llorar para empezar a buscar respuestas, para ver para donde agarrar. Es una reacción natural sin embargo, llorar duele mucho…es mejor sonreir.
¿Y cómo es que se me ocurre sonreír en medio de tanto dolor?
Entendí que el miedo, la angustia, la incertidumbre y la ansiedad no me llevan a nada bueno.
Si analizamos al  miedo, solo la palabra da miedo. Basta que dejemos que nos domine y ya nos llevó puta.
Como reacción de supervivencia, el miedo es natural y acciona mecanismos de defensa: aquí si es válido sentirlo. No es sensato ver que nos va a comer un cocodrilo en Tárcoles y a pura buena vibra pensar que lo vamos a  ahuyentar… ahí si ¡panikéese!, libere toda la adrenalina que pueda, corra, rece y bueno nada más.. porque nada más servirá si es no te querés convertir en ceviche para cocodrilo en tres… dos… ¡uno!
 Pero cuando el miedo es provocado por una situación que nos da incertidumbre, tristeza, ansiedad, el poder de la mente debe de entrar en acción.
Y esto porque el miedo paraliza y abre puertas que no queremos abrir. 
No es que yo sea una gata en dominar el miedo, pero no dejo que me venza. Ahorita estoy pasando una situación que me podría tener paralizada, como la mismísima garrotera del Chavo del 8, pero ¿qué estoy haciendo para sobre ponerme, seguir adelante y esperar lo mejor?
1-Me concetro en el hoy: Cuando me concentro en el presente, no le doy poder al miedo. Un día a la vez: vivir en el presente puede ser tan fácil como simplemente respirar y vivir el momento. No puedo sacar conclusiones ante la incertidumbre -no soy adivina- y más bien estaría visualizando situaciones negativas y declarándolas al Universo y eso es lo que no quiero.
2- Practico Gratitud: Cuando tengo miedo, simplemente pienso en las razones por las cuales estoy agradecida. Mis bendiciones siempre superan mis temores, entonces me trato de enfocar en lo que me hace sentir viva… y no muerta de miedo.
3- Reemplazo: Cada pensamiento negativo de ansiedad o temor lo sustituyo por uno positivo de la situación. Todo es un balance y lo malo, malo, no siempre es del todo feo, algo bonito tiene: algún aprendizaje, me permite encontrar fuerzas de donde ya siento que no tengo, me acerca a personas a quienes quiero, me permite poner en perspectiva mi vida y de nuevo re asignar prioridades.
4-Tomo acción: Soy una persona que toma acción y sé que los miedos son creados en mi mente y son simplemente miedos,  que están ahí esperando hacer mi realidad más miedosa de lo que realmente es. Hay que debilitarlos y la mejor manera es no darles importancia -así se hacen chiquititicos- y la mente se aclara para poder pensar bien las cosas.
5- Sonrío más: No pierdo mi sentido del humor, reírme es mi principal aliado, me ayuda a mantenerme optimista y enfocarme en lo positivo. Así sea cantar en el carro-lo cual me hace muy feliz- salgo y me voy a dar una vuelta sin rumbo, solo para poder cantar.
6- Reconozco que no soy perfecta: No tratro de controlar las situaciones pero sï las emociones. Obvio que sí, tengo mil momentos de deseperación, de dolor, de angustia. Pero ¿quién no cuando está sufriendo por algo? La diferencia es que trato de actuar lo más normal posible. Tengo mil cosas que hacer y no me puedo echar a morir…solo a ratitos. Por un lado creo que si mi inconsciente me ve “normal” va a decir ” ¿diay? ¿a esta que le pasa?” y va a dejar de joderme con los peores escenarios mentales posibles… como quien dice “me hago la chancha” conmigo misma!
7- Rezo: Pongo todo en las manos de Dios y de nuevo le pido que me lleve alzada. Si no puedo controlar la situación, se la entrego y listo. Él sabrá que hacer y a mi me da paz pensar que ya no está en mis manos. “Con la Fé llega la Esperanza”, eso lo tengo tatuado en mi antebrazo izquierdo y es uno de mis principales recordatorios de vida.
No sé que va a pasar mañana…pero solo puedo esperar lo mejor y por eso, si estás como yo- a veces con ganas de salir corriendo y de no hablar con nadie- date ese momento: porque ser humano es sentir, sin olvidarse que también lo es ser resilente y aprender a adaptarse a las situaciones y a superar la adversidad.
Y lo más importante, nunca hay que perder la esperanza, una persona optimista es aquella que espera que ocurran cosas positivas porque las situaciones difïciles, solo nos hacen salir adelante en la vida mucho más fortalecidos.
No crean, tenía más de un mes de no escribir, pero hoy necesitaba escribir para leerme…
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